Por: Monika Napiorkowska
Pocas veces tengo la oportunidad de hablar con alguien sobre lo que hay detrás de los movimientos físicos del Tai Chi del maestro Moy, tal y como él lo enseñó. Tengo muchas preguntas y reflexiones propias que me gustaría entender más a fondo. Leo artículos de boletines antiguos, subrayo pasajes y tomo notas de talleres anteriores: lo que decía el maestro Moy, los principios que le guiaban, lo que él consideraba importante y lo que quería transmitirnos.
Lo que me resulta especialmente significativo es que algunos de vosotros estabais muy unidos al maestro Moy. Recordáis cómo era todo aquello, cómo os enseñaba los movimientos, cómo se comunicaba a través de gestos e incluso con una simple mirada. Yo solo puedo leer sobre estas cosas o escucharlas a través de vuestras historias, y las atesoro profundamente porque quiero seguir preservando el legado que nos dejó y cultivar lo que era tan importante para él: la bondad y la compasión. A menudo me pregunto qué significa todo esto realmente. Siento que no paro de descubrir nuevas facetas de lo que realmente es este camino.
Cada vez más me doy más cuenta de que, más allá de los beneficios físicos, hay algo mucho más profundo: el aspecto espiritual del Tai Chi, relacionado con la bondad, la compasión y la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Para mí, esto es la esencia del Tai Chi del maestro Moy y lo que lo hace tan único. El maestro Moy Lin Shin solía hacer hincapié en estos valores, y creo que no era ninguna coincidencia.
Lo que más me hace feliz es ver cómo la gente sale de mis clases más tranquila de lo que estaba al entrar. Saber que se sienten seguros, que no se les juzga y que pueden ser simplemente ellos mismos. Que, aunque sea por un rato, son capaces de dejar a un lado las cargas que todos llevamos de vez en cuando. Eso es algo que tiene un valor inmenso para mí.
Y también creo que la bondad se puede aprender igual que el Tai Chi: paso a paso. Empezando por ser bondadosos con nuestro propio cuerpo, aceptando nuestras capacidades, nuestras limitaciones y nuestras enfermedades. A partir de ahí, esta actitud se extiende de forma natural a nuestras relaciones con los demás: nos volvemos más pacientes, juzgamos menos, estamos más atentos y somos más abiertos. En ese momento el Tai Chi deja de ser solo como una práctica en el gimnasio para convertirse en una forma de vida.
Cada vez estoy más convencida de que esta actitud de bondad, compasión y aceptación tiene un efecto profundo en nuestra propia salud. No solo ayuda al cuerpo a relajarse, sino que también aporta paz al corazón y a la mente. Quizás es por eso que el Tai Chi del Maestro Moy llega tan profundamente a la gente.
Creo que materiales como estos son especialmente valiosos para los instructores y asistentes de instructor más noveles. Nos ayudan a entender mejor no solo la historia del Tai Chi del maestro Moy y del propio maestro Moy, sino también su mensaje y los orígenes de muchos de los principios que seguimos. Claro que esto es solo mi opinión personal, pero de verdad creo que compartir experiencias y tener estas conversaciones es muy importante.
Así que gracias por cada recuerdo, cada comentario, cada foto y cada publicación. Para mí, no tienen precio.
Por: Joseph Karner
Monika, ¡gracias por esta respuesta tan sincera! Teniendo en cuenta que nunca conociste al maestro Moy, tus impresiones, que vienen del corazón, son muy acertadas. Era un maestro de compasión y amor que se expresaba a través de su linaje y su cultura. Lo conocí y trabajé con él durante ocho años, hasta que falleció. Elevó mi vida y la de muchos otros a niveles que nunca hubiéramos podido alcanzar por nuestra cuenta. Voy a hacer una serie en Facebook llamada «¿Qué enseñó el maestro Moy?», en la que intentaré compartir las palabras y acciones que yo y otros recordamos que enseñó a sus numerosos alumnos, para que personas como tú puedan seguir conectando con sus enseñanzas a tu manera. Espero publicar el primer vídeo en agosto. ¡¡Te deseo lo mejor!!
Traducción de Jordi Awarita, Cathy Filion
