En la calle Darcy de Toronto (Canadá), durante una de las clases matinales habituales, el maestro Moy señaló una foto en la que se le podía ver a él junto a su maestro tomada en un parque de Hong Kong y dijo:
«cuando mueran estas dos personas de la foto, no va a queda nadie»
(refiriéndose a la línea de transmisión de esas enseñanzas Taoístas).
Años después seguimos viendo la verdad de su afirmación. Si esto es así, ¿cómo podemos seguir aprendiendo las Enseñanzas atemporales que él compartió desinteresadamente con todos nosotros?
Por supuesto que la respuesta no es encontrar o esperar a otro Maestro que lo reemplace, esperar que alguien continúe diciéndonos qué hacer o cómo practicar, sino más bien, tal y como el Maestro Moy pedía y pretendía, debemos trabajar y compartir lo que cada uno de nosotros hemos aprendido a través de nuestra propia práctica, tomar la responsabilidad personal por nuestro propio Tai Chi, y lo más importante, animar, compartir y ayudar a aquellos que deseen continuar aprendiendo para así ayudarnos entre todos.
Para aquellos que nunca tuvieron el privilegio de aprender directamente del Maestro Moy quiero compartir sólo algunos ejemplos personales de cómo él enseñó y ayudó a tantos otros para justificar por qué era un Maestro tan especial que no será ni debe ser reemplazado:
A pesar de las diferencias culturales y lingüísticas, el Maestro Moy fue capaz de conectar directamente y de interesarse personalmente por muchos alumnos de todo el mundo que le pedían ayuda. Lo hacía a pesar de saber que le llevaría toda su energía y su tiempo, porque se preocupaba profundamente por la salud y el bienestar de todos.
El Maestro Moy siempre se responsabilizaba personalmente de la evolución y desarrollo de sus alumnos, especialmente de aquellos que mostraban más compromiso asistiendo con mayor frecuencia a sus clases o talleres. A veces incluso garantizaba un cambio en la fisiología de algunas personas si asistían a determinados talleres.
Con toda una vida dedicada al desarrollo personal en las Artes Taoístas, el Maestro Moy fue capaz de aplicar esas habilidades específicamente para ayudar a sus alumnos. Lo hacía principalmente observando de cerca a cada alumno, diciendo muy poco, pero animando a los alumnos a practicar diligentemente y a aprender a través de su propio trabajo personal. Entonces, después de observar a sus alumnos de cerca, y cuando el Maestro Moy sentía que era el momento adecuado, ofrecía una corrección personal profunda que ayudaba principalmente a la salud de los alumnos. Algunas correcciones eran para cambiar directamente su fisiología y otras eran para mejorar su Tai Chi o incluso una mezcla de ambas. Pero en cualquier caso, la corrección era personal para ese alumno y casi siempre iba más allá de su propio nivel de comprensión en ese momento.
El Maestro Moy sólo corregía cuando lo consideraba necesario, dando a cada alumno el espacio y el tiempo suficientes para trabajar diligentemente por su cuenta, pero bajo su atenta mirada. En mi opinión, esto permitía una sólida relación «alumno-maestro» en la que había un equilibrio de responsabilidades. Esperaba que el alumno trabajara con diligencia y no lo abrumaba con demasiada información o correcciones, mientras le reconfortaba haciéndole saber que él estaba haciendo su parte supervisando su progreso y se aseguraba de que su aprendizaje y su salud siguieran mejorando.
Siendo extremadamente paciente y atento, el Maestro Moy notaba incluso pequeños cambios en la salud y el Tai Chi de cada alumno. Lo sabías porque cuando llegaba el momento de una corrección específica él no usaba demasiadas palabras sino que prefería interactuar directamente con el alumno para que este sintiera la corrección en su propio cuerpo. Esencialmente quería que los propios sentimientos del alumno fueran su propio Maestro y que el Maestro Moy fuera sólo un catalizador. Por eso siempre preguntaba a los alumnos «¿cómo te sientes?».
Cuando corregía a un alumno siempre le preguntaba su opinión para ver si había entendido la lección. Se trataba de una parte muy importante de la corrección porque pedía al alumno no sólo que siguiera practicando por su propia cuenta sino que incorporara esa corrección a su práctica personal sin su ayuda directa y así siguiera desarrollándose.
Siempre pedía a todos los alumnos que recibían una corrección que compartieran su comprensión con el resto de la clase para que todos pudieran aprender conjuntamente. El maestro Moy al corregir directamente a un alumno realmente estaba corrigiendo a muchos otros.
El Maestro Moy nunca olvidaba una corrección dada a un alumno. He oído decir a algunos alumnos que, incluso después de no haberse visto durante muchos años, para su sorpresa, al reencontrarse con el maestro éste recordaba exactamente la corrección de la última vez que estuvieron juntos, lo que demostraba que el Maestro Moy seguía acordándose de ellos, y siempre se ofrecía para ayudarles a seguir desde donde lo habían dejado a pesar del paso del tiempo.
Pedía a sus alumnos que practicaran con regularidad, a diario si era posible, para mejorar su salud. Invitaba a los alumnos a volver a verle tan a menudo como les fuera posible. A menudo decía «si no tienes salud, tienes muy poco».
El Maestro Moy prefería permanecer en un segundo plano y dejar que el Arte de la Salud atemporal o la «Enseñanza» ayudara a la gente. Decía «quemad todas mis fotos», es decir, centraros y creed en las Enseñanzas y no en el Maestro.
Al final, ayudó a muchos siendo simplemente un ejemplo diario de cómo vivir una buena vida. A través de sus acciones y su comportamiento mostró cómo cultivar nuestra propia salud para sufrir menos, pero también, y sobre todo, cómo ayudar siempre a los demás. Todo ello sin dejar de ser humilde y utilizando todas nuestras relaciones interpersonales para domar el corazón.
Aunque el Maestro Moy ya no está entre nosotros, podemos seguir honrando su legado practicando con buen corazón y compartiendo el pedacito de «Enseñanza» que todos llevamos dentro. En http://www.taichimaestromoy.org, una página web de todos y para todos dedicada a las Enseñanzas del difunto Maestro Moy Lin-Shin, estamos intentando hacer precisamente eso. Así que navega por esta página web, aprende, comparte y siéntete libre de colaborar de la forma que consideres mejor para así también ayudar a los demás.
Traducido por Cathy Filion, Jordi Awarita

Merci beaucoup! Continuons à partager de don qu’il nous a légué.
Inspirational
Thank you for sharing about Master Moy and keeping this practice alive!
An inspirational and worthy read. He sounds like a wonderful person to have known!
Thank you.