Por Dave Kelly

Permítanme empezar mi historia diciendo que fui muy afortunada por tres razones: se trataba de un ictus leve, llevaba practicando Tai Chi hacía unos 12 años, había aprendido sobre neuroplasticidad en un taller de fisiología y había observado a personas conseguir beneficios asombrosos en las semanas de Recuperación de la Salud.
El ictus me afectó al lado derecho, a la coordinación de brazos y piernas, al habla y a mi capacidad para recordar algunas palabras. Sin embargo, seguía teniendo movilidad y podía realizar la mayoría de las actividades inclusive practicar Tai Chi. El Tai Chi se convirtió en mi herramienta de diagnóstico y en mi terapia. Uno de los primeros problemas que noté en mi fue practicando los jongs o fundamentos de pie. El segundo problema al llevar las manos saliendo hacia afuera mi brazo derecho no sabía dónde ir, a menudo acababa cerca de mi cintura. Aquí es donde mis conocimientos de neuroplasticidad me permitieron comprender que podía volver a aprender gracias a esos movimientos. Me costó mucho concentrarme y tuve que concentrar mi atención visual en ese brazo para colocarlo en el lugar correcto en el espacio. No sé cuánto tardé en recuperarme, pero ahora, después de 8 años ya tengo mis capacidades recuperadas totalmente.
Un segundo problema lo tuve con el látigo simple. De nuevo, mi brazo derecho no iba donde yo sabía que debía ir. De nuevo, tuve que prestar atención a mi brazo. Mi déficit podría describirse como una pérdida de propiocepción (el sentido o capacidad del cuerpo/mente de saber dónde está la mano sin mirarla). Sin mirar, no podía saber dónde estaba mi brazo. Una vez más, con tiempo, concentración y fe, recuperé esa capacidad.
Otra pérdida fue la motricidad fina y la capacidad de escribir. La Neuroplasticidad. Cada mañana escribía el abecedario en mayúsculas 3 veces. Seguí así hasta que sentir que había progresado lo suficiente. (Mi letra nunca fue muy buena, pero volví a tener casi el mismo nivel de antes. Vuelvo a notar que se deteriora, pero creo que es por falta de práctica, no de habilidad).
Un año después, mi instructor me preguntó si me había recuperado completamente. Mi respuesta fue: «Sí, incluso mi sentido del humor». Sin embargo, no me había recuperado del todo. Un día fui a tirarle una pelota al perro de mi hijo y se fue de lado (la pelota, no el perro). Mi pensamiento inmediato fue: «Otra cosa que tengo que volver a aprender a hacer». Con la práctica se mejora. Sólo veo a mi hijo y a su perro una vez al año, así que no practico mucho. En cada visita, los primeros lanzamientos son erráticos, pero con concentración, soy capaz de reproducir la coordinación necesaria para que la pelota vaya en la dirección deseada.
Para terminar, diré de nuevo que mi apoplejía fue muy leve. Pero al comprender la neuroplasticidad, siempre tuve la convicción de que podía volver a aprender a hacer todas las cosas. Eso, y la práctica diligente del Tai Chi, me permitieron recuperarme prácticamente del todo. Un médico llegó a decirme: «Me cuesta creer que usted sufrió un derrame cerebral hace un año».
Traducción de Jordi Awarita, Cathy Filion

Great results, thanks for sharing Dave.